La verdadera persona en la que vale la pena confiar, a menudo posee dos cualidades aparentemente contradictorias: una honestidad extrema y una selección rigurosa. Él es honesto porque confía lo suficiente en sí mismo, no necesita mantener relaciones mediante pruebas o disfraces; él selecciona porque se quiere lo suficiente, y no permitirá que nadie consuma su tiempo, energía y sinceridad a la ligera. La honestidad elimina las conjeturas en la relación, y la selección establece límites en ella. Cuanto más consciente sea una persona de sí misma, más se atreverá a expresarse con sinceridad y también podrá ofrecer un amor estable y confiable.

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